Tengo un problema: inesperada e incoherentemente alguien aparece en
mis sueños. Hablo de los sueños de verdad, esos que se forman a partir de un
descanso merecido.
A pesar de mi resignación de toda pretensión y mi lejanía respecto a
esta persona, basta con cerrar los ojos para volver a verlo, osado y caradura
como desde el primer día que lo conocí.
Lo que pasa es que anoche volví a soñar con él.
Como tantas otras
veces, después queda vagando en mi pensamiento como un intruso. A pesar de
saber que su presencia es nociva, vuelvo a querer que me llame, saber que
existo para él. Nunca tuvo relación con la cordura de la razón, este amor es
amigo de las emociones fuertes y los sentimientos fecundos.
Es que él tiene que
ver con todo lo trascendental: la puesta del sol, la luna llena, el viento en
la cara, las luces de navidad rodeando los árboles. Siempre aparece en momentos
específicos, perfectos, en donde cierta vivencia supera las expectativas, en
donde una sensación abre el camino a la inmensidad del mundo.
Quisiera volver a verlo, saber cómo está, pero ¿para qué?
Yo no soy lo
que él es para mí. Mi cara no aparece entre las olas del mar como si yo
encarnara justo lo que él estaba esperando en ese momento de contemplación del paisaje.
Sé que contra el sueño no se puede ganar. Solo me resta aceptarlo así, con él siempre
presente, mirándome, como si estuviera a la espera de que lo vaya a buscar.
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