Antes me costaba hablar de las cosas que me
salían mal.
Era como si tuviera una doble vida, les hacía
creer a todos que mi desenvolvimiento en la vida era maravilloso.
Yo era bueno en todo, con mi novia, mi
trabajo, mis amistades…Pensaba que esas apariencias se convertirían en
realidades y por fin yo sería el hijo perfecto.
Pero omití algunos detalles y la verdad salió
a la luz.
Lejos de ascender en el trabajo, me iba
pésimo, estaba muy harto de hacer siempre lo mismo. La supuesta pesadilla de
mostrarme tal cual soy me avergonzaba hasta la taquicardia. ¿Por qué yo tenía
que mostrar otra cosa? ¿Qué me hizo pensar que ser completo era una opción?.
Supongo que es normal, por más que uno se
esfuerce, la verdad siempre se empeña en ser reconocida. La verdad era que yo
no estaba conforme, más bien hacía las cosas por inercia.
Ya pasó lo peor y he perdido esa versión
inventada de mí mismo. Dejé de tener pesadillas y la mayoría de la gente que me
importa, sabe que nací inacabado e insatisfecho. Lejos de ser el hombre
perfecto, estoy en una búsqueda.
La escena terminó y empezaron a presentarse
oportunidades que jamás hubiera imaginado.
Así, incompleto como soy, pude aprovechar
cada momento sin querer demostrarle nada a nadie. Aquella versión inflada de mí
mismo estaba hecha de ideas tontas, de juguetes, marionetas y automatismos sin
sentido.
Esa parte mía, que tanto miedo tenia de
perder, se ha ido. Todos pueden darse cuenta de que estoy más liviano sin esa
porquería.
La era de una garganta obstruida de
preocupaciones ha terminado. Mi cuello dejó de estar oprimido por esas manos de
aire que me decían lo que tenía que hacer.
Ahora tengo la sensación de haber despertado
de un largo sueño, sueño que ni siquiera fue mío. Tal vez esa perfección que
tanto esperaba alcanzar sea esto, saber que soy bueno en algunas cosas y
sentirme feliz por eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario