viernes, 2 de mayo de 2014

Ficciones I - El Pensamiento Parásito

El viernes pasado caminaba por las calles del centro y me detuve a mirar una vidriera plagada de objetos de diseño, coloridos, originales, consumibles. Entre tantos, había un espejo circular que tenía escrito en su parte inferior “hoy va a ser un gran día”. Al leer esta frase, no pude evitar pensar en Martín. Ah…Martín amor mío.
Otra vez me sentí derrotada. Nuevamente la cara y el perfume de Martín invadían mi vida. 
Los autos obstaculizaban la senda peatonal y competían unos con otros como si de una carrera se tratara, tengo que esperar para cruzar. Pero entonces, mientras espero, me conviene ir haciendo la lista mentalmente, antes de llegar al supermercado y deambular entre las góndolas. Leche, pan, caldo de verduras…Martín ¿Por qué me hiciste esto? Si yo te amaba…
Por fin pude cruzar esa calle tremenda, San Lorenzo y Entre Ríos. Un caos. 
Debería caminar más rápido ahora, porque al mediodía el supermercado se llena y odio esperar a que me cobren. Encima de que me cobran, tengo que esperar. Hay siempre posibilidad de que la cajera marque mal el importe, o que el cliente no tenga fondos en su tarjeta, etc.
Quisiera estar sola en casa, y simplemente llorar un rato. Tal vez podría llamar a Martin. O escribirle un mail, ¿porque no?. Después del daño que me ha causado, ¿porque debería hacerle el favor de no molestarlo?. No, mejor no lo busco. ¿Para que?.
Hay demasiado sol en esta vereda, mejor camino por la vereda de los impares. Si, impares, ese es el problema. Eso es lo doloroso…que entre vos y yo nunca haya habido nada más que un rico café y charlas acaloradas. Bla, bla bla…Olvidaba que tengo que pagar un par de impuestos, mi sueldo no me alcanza para nada Dios!.
Y ¿que estarás haciendo ahora? Y ¿que es lo que hago pensando en esto?.
Todavía me faltan varias cuadras. Esa mujer que viene hacia mi va a decirme algo.
-Hola ¿me dirías a cuantas cuadras queda calle Urquiza?
-Si, Tenes que caminar para allá, serán tres cuadras.
-Bueno, gracias.
Al menos doy la impresión de estar bien ubicada en el mundo, como para que me pregunten donde queda una calle. Ojalá estuviera perdida solo en relación a una calle, una dirección. Ojalá no fuera de Rosario, y fuera de…no se de dónde, de algún pueblucho en donde hubiera habido tan pocos pibes que yo no me hubiera enamorado de ninguno. ¡Como si la cantidad tuviera algo que ver!. Si yo amo a uno, a uno solo...
Martín, Martín, Martín. Te invoco y grito internamente tu nombre. Quién dice, puedo encontrarte por ahí. Ay!, no me puse lápiz labial y estoy con zapatillas, mejor que el azar no nos reúna hoy. Mejor que sea mañana cuando esté más arreglada, si, con los ojos delineados, como le gustaba a él.
Bueno, una cuadra más y llego al súper. Ojalá vendieran un corazón nuevo, o más bien una mente nueva. Ojalá pudiera borrar esta fijación…”idealización” dice mi psicóloga. Que a Martín lo tengo idealizado. Yo siempre lo amé. Pasa que no puedo dejar de amarlo hasta el detalle, y él esta tan loco que más lo quiero. Loco, manipulador, estúpido, tan bello él con esos huequitos cuando sonríe. Está bien, andate con otra. Y ¿que tiene ella que yo no tengo? A ver, decime.
Voy a agarrar un changuito de metal aunque compre cuatro cositas, porque los carritos rojos me hacen mal el brazo. Uh…hay bastante gente.
No me queda otra que soportar la espera haciendo la fila, creo que esperar es algo terrible.
Mi psicóloga se equivocó cuando me dijo “la esperanza es lo último que se pierde”, ¡mentira!. Que caro que está todo…a esta altura da lo mismo cualquier marca. Había leído un libro que hablaba de cómo curar del recuerdo, ¿como se llamaba ese libro?. Podría leerlo otra vez.
Cuando llegue a casa, quiero prender la computadora y fijarme si Martín me escribió. Por las dudas voy a hacerme un baño de crema, incluso podría hacer un baño de inmersión. Llenar la bañera, poner música, aunque no se si soy capaz de eso. Además, hace mucho tiempo que no nos hablamos…no importa.
Ojalá que mañana cuando salga, me lo encuentre por casualidad. Sería genial poder verlo de nuevo, tomar un café o mejor una copa de vino. Le prometo al universo estar bien arreglada. Voy ver que dice mi horóscopo.

Es seguro que si mañana lo encuentro caminando entre las hojas de otoño, va a ser un gran día.

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