sábado, 25 de septiembre de 2021
martes, 17 de marzo de 2020
sábado, 2 de marzo de 2019
La relación con el "ex"
Inspirada en la frase de una
paciente (divina persona), tuve ganas de escribir algo sobre este objeto de
pensamiento tan particular: “el ex”. En una sesión ella dijo: “mi ex es como un
cáncer, porque es algo que no se cura, porque siempre está latente para
volverse a despertar con reclamos”. Tan precisa fue la metáfora, que me inspiró
a circunscribir una problemática que muchas veces se naturaliza. ¿La ex pareja
tiene derechos a seguir haciendo reclamos?. Aquí se observa un abanico de
situaciones variadas, en donde las personas manejan como pueden una relación
que se vuelve más compleja en el caso de tener hijos en común. En estos casos,
se trata de un vínculo permanente, definitivo con ese otro con el que
compartimos tantas experiencias. Pero como suele suceder en la vida, las cosas
se mezclan naturalmente.
Les voy a contar una anécdota que
fue para mí de lo más instructiva: estaba rindiendo un examen libre en la
facultad de Psicología. La materia me encantaba, Biológica II, porque podía
desplegar mi placer por la medicina. Ya había hecho el escrito, con un tiempo
justo y las últimas preguntas las había respondido bajo la presión del reloj.
Salí del aula mientras lo corregían y aproveché para ponerme a chequear esas
últimas frases que escribí, teniendo la horrible sensación de haberme
equivocado con las hormonas. Pasaba rápidamente las páginas de mis resúmenes cuando
me percato de que si, efectivamente mezclé las hormonas femeninas. Como estaba
sola en la escalera, empecé a putear en voz alta. Y escucho la voz del profesor
a mis espaldas: “Bueno Lucero! No se preocupe que en el cuerpo femenino las
hormonas funcionan mezcladas!. Además en la vida, todo se mezcla”.
En la vida todo se mezcla me dijo
el profe. Y es esa mezcla, la que complejiza esta relación con la ex pareja.
Muchos me hablaron del sueño dorado de tener una relación de amistad con su ex.
Otros mantienen en la realidad una relación de amistad. ¿Es esto posible?, ¿Es
realmente una amistad?, ¿Será que para algunos afortunados se dio la posibilidad
de ser amigos de su ex? ¿o será que uno de los dos aún conserva la esperanza de
volver y por ese motivo finge una amistad que es en realidad una espera
sufriente?.
Tal como decía Freud, en el ámbito
afectivo no hay tantas variantes como suele creerse. Dentro de las polaridades
anímicas, Freud sitúa éstas: amor, odio o indiferencia. Cuando la relación con
un ex se vuelve tempestuosa, va del amor al odio y del odio al amor. Los
reproches del ex o hacia el ex, suelen ser unilaterales, porque el otro miembro
de la ex pareja, no los puede vivir como algo recíproco. Reproches disfrazados
o reproches desnudos de pasión: “¿así que ya tenés novia?” “¿Ella es mejor que
yo?”. Todo sujeto hablante puede corroborar que el tiempo real (el tiempo del
almanaque) no se condice necesariamente con el tiempo psíquico o subjetivo. Nos
separamos hace tres años, pero esos tres años pueden significar tres días o
tres meses…
En medio de esta “mezcla” de cosas,
¿cuál es la manera óptima de manejarse?. Parece ser que la relación con un ex puede
llevarnos a sentirnos como el personaje femenino en la película “Laberinto”, y la
única salida es el límite. Esto quiere decir que, salvo en situaciones
particulares en donde ambos miembros de la relación han decidido terminar al
mismo tiempo y están de acuerdo como en espejo (cosa muy rara…), el problema en
esta relación se sostiene de una asimetría fundamental, que es necesario
equilibrar y limitar de alguna forma para el bienestar de los demás. Si uno
está en la indiferencia, y el otro está en el amor-odio, esa asimetría se hace
sentir y no de la mejor manera. Del lado del amor, ese ex amante se comporta
como un ser sometido que lo soporta, lo perdona y lo complace todo con la
ilusión de volver. Del lado del odio, ese ex amante se comporta como un ser
tirano, agresivo y violento que busca entorpecer la felicidad del otro. Por
este motivo, el que está del lado de la indiferencia (=duelo realizado) no debe
alimentar las ilusiones de su ex pareja, de ningún modo, ni siquiera bajo la
forma de una inofensiva amistad. Tampoco debe enredarse en los afectos del otro
con el pretexto de no hacerlo sufrir.
Aquel que está del lado de la
indiferencia (guarda cariño por la ex pareja, trata con respeto y cuida las
formas para mantener una relación pacífica, pero ya no lo/la considera “pareja”),
tiene la posibilidad de limitar, enmarcar una nueva forma de relación. En este
sentido, y teniendo en cuenta múltiples situaciones de vida, la “amistad” con
la ex pareja, queda descartada. Si el indiferente sostiene una amistad por la
razón que sea, muy en el fondo termina siendo un acto de sadismo para aquel que
ama u odia, aún.
Hay una diferencia sustancial
entre tener una relación buena, pacífica, con buena comunicación y ser “amigos”.
Algunos pacientes han manifestado su disgusto por la relación que su pareja
actual mantiene con su ex. En todos estos casos, había una relación amistosa
entre ellos hasta el punto de configurarse un trío afectivo que generaba la tan
conocida meseta de no estar del todo con nadie: “ni con vos ni con ella”, “ni
con vos, ni con él”. Una mitad se quedó con el ex, y la otra mitad trata de formar
una nueva relación.
Por más triste que sea, cuando
una relación de pareja termina, con esa relación deben irse los celos, las charlas
prolongadas por wathsapp, los favores, los regalos, los cuidados especiales,
las contemplaciones, la fidelidad en redes sociales, ni hablar de los
reencuentros sexuales recordatorios. No se puede empezar algo nuevo si la
historia anterior no está cerrada. Y una amistad, lo que hace es mantener una
llama encendida, una puerta abierta, una brecha que impide un corte adecuado
con el otro.
Volviendo a la anécdota de mi
examen, las hormonas se mezclan naturalmente a menos que uno las separe con
fines académicos, pedagógicos o de investigación. Lo mismo ocurre en estas
relaciones, las emociones se mezclan a menos que uno las separe con fines de
convivencia y crecimiento personal; y porque no, por el bien de los hijos.
jueves, 31 de mayo de 2018
Vamos viendo...
Un margen de incertidumbre
es inevitable en la vida humana y más aún en las relaciones amorosas. La experiencia de cada quien, va disminuyendo
la ingenuidad que nos hacía niños, de manera progresiva, de modo que pensar en
una relación ideal, que garantice la completud y felicidad llega a ser un lindo
sueño a sabiendas que ninguna realidad va a poder replicar tal fantasía.
Hecha esta advertencia, y
desterrando el mito de la media naranja, actualmente observamos una
exasperación de un modo masculino de relacionarse con las mujeres: “vamos despacio, a ver que onda, tranqui.
Vamos viendo”. Si bien este modo informal del vínculo siempre existió,
actualmente se ha vuelto una constante que cada vez se naturaliza más.
¿Una relación basada en la
incertidumbre puede generar felicidad?
Las
apariencias engañan
Al principio esta forma de
plantear una relación que está iniciando no parece descabellada, al contrario,
parece una propuesta interesante, libre, relajada que invita a disfrutar del
otro sin ideales limitantes o condiciones cerradas.
Pero con el tiempo, este “vamos
viendo” revela ser la contracara de aquello que se pretende evadir: el
compromiso. No hablo del anillo ni del casamiento, ni siquiera me refiero a la
convivencia en pareja. Hablo del compromiso más elemental con alguien en el
amor, que consiste en solo estar y decir
si a ese estar con alguien. Ya que nadie tiene la bola de cristal, el
compromiso inicial en una relación consiste en decir “si” aunque no se sepa lo
que pasará en el futuro.
Lo que en un principio fue
un tentador “vamos viendo”, con el curso de los meses se transforma en un “si, pero no”, o “quiero, pero no puedo” y es aquí donde la angustia surge. Angustia
provocada por varios factores: por un lado comienza a desarrollarse una insatisfacción
que crece, por otro lado, se experimenta una especie de congelamiento en donde
pasa siempre lo mismo y reina lo igual por encima de la creación de a dos, la
construcción común.
En psicoanálisis sabemos que
cuando lo igual se prolonga en el tiempo genera angustia y toda una serie de
malestares confusos. Si se presta atención, a nivel del discurso, está la
afirmación y la negación simultáneamente, esto equivale a decir que así como se
está con alguien se niega dicha realidad. A nivel más cotidiano, se puede
observar esta vacilación entre el si y el no en la forma de comunicarse: te
escribo varias veces en el dia (si) luego dejo pasar tres o cuatro días y te
pregunto como estas (no). Se pueden encontrar ejemplos en las redes sociales,
en la frecuencia de los encuentros, en las palabras dichas, en todas las
situaciones vuelve a aparecer esta posición de “estoy con vos pero no estoy con vos”.
Un psicoanalista podría
decir que se trata de histeria, pero ¿es verdaderamente un síntoma histérico?.
Estar
– Apostar
Esta manera de encarar un
vinculo amoroso-sexual lejos de favorecer el disfrute del mero hecho de estar
juntos y encontrarse, lo que produce es puro desencuentro y aplastamiento del “estar”
con otro. El vínculo se reduce a una serie de episodios que no hacen historia
debido a la limitación que implica el mismo tipo de vínculo. El planteo
temeroso, precavido y tacaño del “vamos viendo” reduce las posibilidades a unas
pocas experiencias compartidas. El masculino que va viendo ofrece un lugar
limitado a la femenina que quiera adaptarse allí. De modo que lo que parecía
ser un planteo liberal, es en realidad sumamente restringido. Tiene un techo que
impide ir hacia adelante, las emociones y las vivencias quedan reducidas a
cuatro paredes invisibles que resultan impuestas, no son paredes construidas
por ambos.
Con el curso del tiempo,
surge la disputa entre el que quiere jugar al azar sin apostar nada, y la que
quiere apostar aunque pierda. Estar con alguien es una tremenda apuesta siempre
que haya un si que lo impulse, un si a secas sin negaciones, ni peros
limitantes. Apostar no solo a una relación que puede funcionar o no, sino
fundamentalmente apostar a sentir. Ya que no sucede que uno conoce a alguien y
siente, en el fondo hay que querer sentir, hay que querer- querer aunque no
haya certeza de ser correspondidos.
Para conocer a alguien hay
que estar. Y si estar es apostar, entonces se trata de estar en la cama si,
pero también en la mesa familiar, en la salida con amigos, en las incómodas presentaciones,
en algún viaje…en vivo y en directo claro, pero también en Facebook, Instagram,
etc.
Estar es estar habitando los
contextos del otro, con mesura y preservando la individualidad, pero sin evitar
posibles experiencias que no lleven a conocer y compartir.
La forma más evolucionada
del compartir es el proyecto, tener un proyecto común por mínimo que sea. Lo
que queda claro es que desde esta perspectiva del “vamos viendo” no es posible
construir ni experimentar la verdadera felicidad de estar con alguien. Y si no
es para experimentar una felicidad mayor que la obtenida a nivel individual, ¿para
que estar con alguien?.
El
fin de amar
Tal como canta Gustavo
Cerati, “el fin de amar es sentirse más vivo”, no hay otro objetivo más que
ese, sentirse más vivo. Estar con alguien que amamos no nos va a completar ni
resolver la vida, solo vamos a sentir la vida de manera más intensa.
Pero muchas veces no estamos
dispuestos a amar, y renunciamos a esa sensación de estar vivos, reduciendo las
posibilidades de sentir.
Este planteo de “vamos viendo” o “dejemos que fluya”, se
presenta mayormente en varones, como si la creciente igualdad de género a nivel
de los derechos hubiera generado un retroceso más que un progreso en la forma
de vinculación entre los sexos. Pero esto ya merecería mayor indagación.
Suele decirse que los
hombres rehúsan ponerse en pareja porque temen perder su libertad, su
individualidad, o porque temen perder a todas las otras mujeres a las que
deberían renunciar si se ponen en pareja. Pero toda decisión tiene su precio.
El “vamos viendo” es un
ni-ni, “ni estoy con una, ni estoy solo”. Más allá de las razones singulares
que cada uno puede tener para embarcarse en este camino incierto, en el fondo
es un grave autoengaño en donde los hombres son presa del temor o del terror de
amar y sentirse amados.
Ya sea planteado desde la perversión
de saber que no quiere compromiso alguno y mentir para seguir con la relación,
ya sea producto de una confusión en donde no se sabe que se quiere hacer, ya
sea la típica situación de querer el pan y la torta; en todos los casos el
trasfondo es el desamor pero no solo para las mujeres irresponsables que se
adaptan y se conforman con una relación a medias, sino para el propio hombre
que no puede proponer algo más interesante incluso para él mismo.
La soledad no es
desagradable, y solo una verdadera compañía podía impulsar a abandonarla, ¿Qué es
estar acompañado?. Supongo que la única manera de sentirse acompañado es
construyendo lazos con una moderada incertidumbre y no un desapegado devenir
azaroso, que no permite sentirse más vivo.
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